Susi Pola: “El apoyo a la mujer es una opción de vida para mí”

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Susi Pola expresa que “mientras todo lo que está mal no cambie tenemos que seguir trabajando, no podemos echar un pie para atrás”.
Susi Pola siempre ha luchado por los derechos humanos, sobre todo por los derechos de la mujer y los niños

Española por nacimiento, de la Patagonia, Argentina por decisión familiar, y dominicana por opción, Susi Pola ha dedicado la mayor parte de su vida a defender los derechos humanos, sobre todo los de las mujeres, apoyando siempre en la creación de conciencia en contra de los femenicidios y luchando por sus derechos sexuales y reproductivos.

Su formación como maestra, enfermera y abogada le ha permitido conjugar estos roles, que aún la mantienen militante a la fecha; y aunque ha logrado mucho en esa materia, ya que inició cuando en el país no existían legislaciones que protegieran los derechos de la mujer, María Jesús Pola Zapico, nombre de pila de esta activista social, dice que no está satisfecha, que necesita tiempo para hacer muchas cosas más, y que no vivirá tranquila mientras que en el país maten una media de 200 mujeres al año.
“No porque me sienta responsable, somos todos responsables, pero hasta que no logremos que el Estado entienda que el problema más grande que tenemos es cómo viven las mujeres dominicanas, que somos más de la mitad, mientras eso no se arregle, no estaré tranquila. No estoy satisfecha, necesito seguir sumando más acciones, no puedo vivir tranquila si veo que afuera todo anda mal”, reflexiona.

1. Migrante
Como momento clave de mi vida, recuerdo que cuando tenía cinco años salimos mi mamá, mi papá y mi hermana mayor de España, y viajamos a la Patagonia, en un viaje largo que duró 27 días, en el 1951. Fue lo más grande de mi infancia. Embarcamos en Barcelona, hicimos una parada en Islas Canarias y luego cruzamos todo el Atlántico hasta Bahía de los Santos en Brasil; de ahí llegamos a Buenos Aires, donde pasamos un par de días, y luego fuimos a la Patagonia que era nuestro destino final, a 1800 kilómetros en autobús. Eso quedó grabado como algo muy bueno, porque disfruté mucho todo el tiempo, éramos niñas y las preocupaciones eran para los adultos, lo que hicimos fue disfrutar en ese barco; y después el viaje por tierra, 24 horas desde Buenos Aires hasta Comodoro Rivadavia, y ahí viví hasta los 18 años”.

2. Matrimonio
Hice mis estudios primarios y secundarios en el Instituto María Auxiliadora, que era en ese momento el colegio salesiano más austral del mundo en la Patagonia argentina, y cuando terminé fui a Canadá, hice mi universidad en Montreal, en la escuela de enfermería de un hospital, y me gradué de licenciada en enfermería. En ese proceso de los cuatro años de estudio, Pedro Luis, mi esposo, quien es de aquí de Santiago, estaba haciendo su especialidad en Ortopedia, y nos encontramos, no en el hospital, sino entre la comunidad de hispanos, que era muy pequeña. Antes no había tanta gente en estos lugares. Finalmente, nos casamos en el 1969, -el año que viene cumplimos 50 años de casados-, y vivimos en Canadá hasta 1970”.

3. Su llegada al país
Otro viaje grande para mí fue el venir a vivir a la República Dominicana en el año 1970. Vine ya para quedarme, como si mi vida estuviera pautada por viajes. Este fue un gran momento, otro de los más importantes en mi vida, digamos que desde que llegué siempre quise trabajar en mi comunidad”.

4. Llegada de los hijos
Por supuesto, el tener mis cuatro hijos es algo inolvidable: tres hijos y una hija. Cada nacimiento de un hijo, cada embarazo, es maravilloso. El primero nació en Canadá, vinimos con él, y los otros nacieron aquí. Mi vida se cuadra ahí. De nuestros hijos sólo está nuestra hija aquí, que trabaja en Santiago, es abogada. Nuestro hijo mayor vive en Santo Domingo, es veterinario, y nuestros otros dos hijos viven en Nueva Orleans con sus esposas, no tenemos nietos aún”.

5. La familia
Mi familia es lo más importante, no hay otra cosa, es mi realidad. Todo lo demás es una obligación como ser humano. Mi familia ha sido mi mayor disfrute, doy gracias a Dios todos los días por ella. Me gustaría desmitificar a la familia, porque normalmente aceptamos como bueno y válido que es lo más perfecto, que es donde todo pasa bien, y no es verdad. La familia es perfecta si lo hacemos así, digamos que Pedro Luis y yo tuvimos la fuerza de ser sinceros y hemos asumido la vida de la familia como lo más importante. Después de ver familias donde ocurren grandes tragedias, grandes traumas, muchas veces digo que no es la finalidad. Nosotros tuvimos suerte y mucha ayuda del resto de la familia, nos ha salido bien; pero si no sale bien no pasa nada, una familia puede dividirse, pero creo que ha sido la clave del éxito para mí que hemos tenido mucho amor y una opción de vida juntos”.

6. Naturalización
Siempre supe que iba a vivir aquí, y me hice dominicana en el año 1981, con mucho trabajo, porque todo el mundo me preguntaba que cómo quería ser dominicana. Me gusta decir siempre que soy dominicana por opción, y es mejor que ustedes, porque ustedes nacieron aquí, lo mío fue elegido, y esos momentos, más que importantes, son básicos, hicieron cambios en mi vida. Fue un proceso difícil. En la familia de mi esposo, que hay muchos abogados, nadie tenía muy claro cómo se hacía un proceso de naturalización, porque a nadie se le ocurría naturalizarse; y me nacionalizó una estudiante de Derecho que, dentro de su práctica, averiguó, y por estar casada con un dominicano tengo derecho a la nacionalidad por decreto. Pero a todos los que le preguntaba me decían: deja eso, tú estás bien así. Siento mucho orgullo de ser dominicana. En esta casa yo creo que soy la más dominicana”.

7. Regreso a la universidad
Después que tuve mis hijos un poco grande volví a la universidad. Ya estaba organizada en grupos feministas y estábamos empezando a ver la violencia contra la mujer, entre los 70 y los 80; entonces, sentí la necesidad de trabajar también con otras mujeres para poder cambiar las leyes, y así es que entro a la PUCMM. Primero, a hacer educación en Filosofía y Letras, que lo hice hasta nivel del profesorado, y ahí me cambié para Derecho. Existió una motivación fundamental para hacer Derecho: buscar la manera de fortalecer las leyes, de traer legislaciones, y en todo ese proceso yo estuve presente”.

8. Apoyo a la mujer
Para finales del 1986 habíamos fundado, junto a cuatro compañeras, el Núcleo de Apoyo a la Mujer. He vivido una vida rica. Sólo el hecho de tener que hacer mi currículum muchas veces, me hace ver cuántas cosas he hecho; pero hay unas que son el punto clave: haber estudiado Derecho me permitió apoyar a otras personas cuando no había legislación 24-97 y había que ir a los tribunales con las mujeres, y esa fue mi práctica, argumentando razones lógicas del porqué una persona no puede agredir a otra. Recuerdo, postulando en los tribunales, que los jueces solían preguntarnos que si éramos psicólogas. Se encontraban raro que una abogada defendiera casos de violencia. Si íbamos con una usuaria a hacer sus reclamos, nos preguntaban, ¿y el abogado dónde está? ”.

9. Opción de vida
Por el apoyo a las mujeres perdimos muchas amistades, todavía hoy lo puedo decir, pero con una salvedad: que depuramos, muchas amistades se fueron. Sin embargo, muchas vinieron. He conocido gente de gran valor, eso es impagable. Es decir, que es una opción de vida para mí. Perdí muchas amistades porque no estaban de acuerdo con mi trabajo. Es un mito que la violencia contra la mujer solo es entre los pobres. Entonces, las personas que son sometidas y que no son indigentes lo primero que hacen es mover poderes. Te llaman, te dicen que ese muchacho es bueno… pero tú ya optaste por una defensa a la mujer y ves claro lo que está pasando. Pero pienso que lo importante es lo que vino de ahí para acá. He conocido personas extraordinarias que nos han acompañado en el camino, empezando por mi marido, que sin él no hubiera podido hacer todo lo que he hecho; o lo hubiera hecho, pero teniendo que separarnos si no hubiera estado de acuerdo.

10. Inicio como articulista
En octubre del 1996 hubo un femenicidio en la capital muy sonado, de una muchacha que se llamaba Asia Mercedes Bastardo. El marido era un ex policía que estaba preso porque chocó su carro con el de un diplomático, no recuerdo si era de Israel o Medio Oriente, se apeó y lo mató; tenía cinco años preso y desde la cárcel la llamaba y la amenazaba. Una mañana, no sabemos cómo, o sí sabemos cómo sale la gente aquí de la cárcel, la mata y se mata él. Salió en primera plana del periódico El Nacional, el titular y contenido de la noticia llamaban a la atención sobre qué diría la diplomacia de ese país porque este hombre estaba suelto. La muerte de Asia Mercedes no era nada en la noticia, y dije que ese nombre tenía que conocerse y escribí a don Radhamés, a la columna Escriben los Lectores, y le dije que las lectoras también podíamos escribir, y lo titulé “Asia Mercedes Bastardo”, para que se viera bien su nombre, y protesté por eso y expliqué que el femenicidio era un fenómeno que estaba empezando a preocupar. Don Radhamés me llamó y me pidió dos artículos a la semana, y yo me quedé trancada, nunca había escrito un artículo, y le dije que podía mandar uno. Mi columna no tiene nombre porque no fue pensada, pero es una de las cosas que también ayudaron mucho a que el tema del femenicidio se conozca, porque todos mis artículos son sobre género, la violencia basada en el género, femenicidio, aborto, derechos sexuales y reproductivos. Eso me dio un premio internacional en el año 2000, nunca me consideré articulista, pero de ese premio para acá siempre digo que soy articulista.

Enfermería y educación

“Estudié enfermería porque hubo una posibilidad en mi ciudad, en Argentina. Tenían cuatro becas para ir a estudiar a la universidad de Montreal, a través de unas monjas que estaban en la Patagonia, y eso fue una oportunidad, y no me arrepiento. No digo que no era mi vocación, claro que lo era. Cuando llegué al país tenía toda la disposición de trabajar en un hospital, pero me asusté cuando vi los hospitales de aquí muy diferentes a los que vi en Canadá. Hospitales donde tenías todo a mano, y aquí encontrarme con la realidad, por ejemplo, de dos y tres niños en una misma cama. Esto me sorprendió. Sin embargo, hice partos psicoprofilácticos muchos años en la Clínica Corominas. Hay unos cuantos niños y niñas que hoy son hombres y mujeres que nacieron con este apoyo, así que no dejé de hacerlo. Como mi primera carrera era de maestra, -terminé en Argentina como maestra normal, ya que teníamos la posibilidad de hacer bachillerato perito mercantil o magisterio- junto con otra compañera argentina, que vive acá, dijimos: vamos a terminar la licenciatura en educación y fuimos a la universidad, y luego hice el cambio a Derecho”.

Corrupción
“Vivimos en un país muy corrupto, la clase política tiene que cambiar. Si la clase política no cambia esto va para mal”.