Mal parados

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    La presentación de cuentas del presidente Danilo Medina en el Congreso Nacional abrió las puertas al tema de la reelección. Algunos valoraron una que otra de sus expresiones, acerca de su determinación de continuar cumpliendo sus obligaciones, que bien podrían estar limitadas al cumplimiento de su período, pero la presencia de seguidores con pancartas alusivas a cuatro años más, creó las condiciones para que sus contrarios asumieran propósitos ulteriores.

    Es indesmentible que todo accionar tiene un propósito, y si bien la rendición de cuentas es un acto obligatorio previsto en la Constitución, las manifestaciones reeleccionistas que orlaron el entorno del Congreso pudieron contribuir a completar un cuadro con una expresa intencionalidad.

    Al margen de los encuentros sistemáticos del presidente Medina con comunitarios desde que se instaló en la Presidencia, que se asumen como normales, llegaron las palabras de Roberto Rodríguez Marchena en televisión, en el sentido de que mucha gente desea que continúe después del 2020.

    Y entonces llega la revelación de la instancia mediante la cual el abogado Fredermido Ferreras Díaz, dirigente del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) en Santo Domingo Este, que pide al Tribunal Constitucional declarar no conforme con la Constitución la vigésima disposición transitoria de la misma, porque supuestamente desconoce los derechos a elegir y ser elegido del actual presidente.

    Todo lo ocurrido ha repercutido al interior del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) con más fuerza que en los partidos opositores, una verdadera ola de vergonzosas alusiones.

    El poder ha quedado muy expuesto en su lado más oscuro. El uso indebido de los recursos públicos imposible de justificar. De golpe se han develado los juegos del poder que tanta perplejidad provocan.

    Algunas explicaciones podrían resultar útiles para recuperar la compostura, pero desde el punto de vista de la misiones que se suponen en quienes gobiernan, sea desde el mismo partido gobernante, o desde las más elevadas instancias púbicas, quedan muy mal parados frente al país.

    Al final, no sólo están esos daños propios, sino también la institucionalidad, tan llevada y traída por los fariseos.