El arte de coleccionar grandes y pequeñas cosas

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Los coleccionista de autos comparten la pasión por cuidar, conservar y hasta mimar al auto, el cual se convierte en un miembro más de su familia.
Las personas que se dedican a este arte sienten pasión por reunir y guardar objetos similares entre sí. A veces, la calidad no importa

Si bien es cierto que la pasión por coleccionar se da mayormente entre los hombres, casi todos tendemos a coleccionar cosas, por menos apego que se tenga a lo material y por menos que nos guste almacenar objetos. Aunque no existe un patrón único que defina a los coleccionistas, se puede decir que son ordenados y meticulosos.

La práctica nos indica que el coleccionismo abarca una gama muy diversa de personalidad que suele tener en común la motivación por la búsqueda, lo que se convierte en una aficción o entretención. Y es precisamente el proceso de búsqueda lo que más disfruta y lo que más apasiona a quienes se dedican a coleccionar, lo que sea. Lo que se elige para coleccionar tiene que ver con aspectos particulares de la personalidad de cada uno y el medio donde se desenvuelve.

La motivación es tan diversa como diversas son las cosas que se coleccionan. Desde tacitas, sellos, monedas, cucharitas, abanicos, insectos, cajas de fósforos, hasta autos clásicos. Y es precisamente de coleccionistas de autos clásicos que tratamos. Es un sector que viene creciendo y ocupa un lugar de prestigio en la sociedad, que se distingue por la dedicación dispensada a esos vehículos tratados como verdaderas obras de arte, contando con un parque de vehículos clásicos y antiguos para cada gusto.

“Desde joven siempre soñé con tener un carro convertible. En 1997 vi un anuncio de la venta de un Pontiac Firebird convertible de 1968, el cual compré, en condiciones nada buenas, por lo que tuve que restaurarlo, cosa difícil en esa época porque no estaban las facilidades de hoy (internet) para conseguir las piezas. El carro resultó ser de Freddy Beras Goico, que lo importó al país en 1969. A raíz de esa experiencia, pensé en cuántas personas querían restaurar un vehículo clásico o antiguo y estaban pasando el mismo trabajo que yo, que si nos juntábamos podíamos ayudarnos entre todos a restaurarlos, conversar del tema y hacer eventos para mostrar nuestros carros al público”, así explica Guillermo Periche Alburquerque los inicios del Club de Autos Clásicos.

Decidió publicar un anuncio para motivar a personas a unirse a lo que fue su iniciativa hace 25 años. En un restaurante de la ciudad se dio la primera de muchas reuniones que hoy por hoy desarrollan sus socios. La primera exhibición que realizaron fue en Plaza de Las Américas, de Santo Domingo, con ocho autos.
Luego se dieron los pasos para la formación legal del club a partir del 9 de enero del 1999, que se llamó Club de Autos Antiguos de la República Dominicana (CAARD). “En el 2008, un grupo de socios de los más antiguos del CAARD formamos el segundo Club de vehículos clásicos y antiguos, nombrado Coleccionistas Dominicanos de Autos Antiguos (CDAA)”, dice.

De esta pasión destaca la preservación de vehículos que son historia, recuerdos, remembranzas, nostalgia y “sobre todo sirve para demostrar a las nuevas generaciones cómo ha ido avanzando el diseño y la tecnología automotriz a través de los años”.

El interés ha ido en aumento paralelo al número de integrantes del club, que desarrolla periódicamente actividades en casi toda la geografía nacional.

Rafael Quiñones, Luis Mejía, Manuel Valerio, Guillermo Periche, Quirilio Vilorio y Santiago Cuadra, coleccionistas de autos antiguos. Romelio Montero

Para Manuel Valerio, en los autos clásicos se combinan muchas sensibilidades, “mucha gente se identifica con un vehículo porque lo tenía el abuelo o porque era su vehículo preferido en determinada época. En mi caso, siempre fui un fanático de los autos convertibles europeos”, explica al ser entrevistado dentro de un grupo de coleccionistas.

Al preguntársele por qué los clásicos, dice que estos dan un placer particular al momento de conducirlos, sin la asistencia tecnológica de la época actual. “Al carecer del tecnicismo, debemos encargarnos de supervisar y vigilar sus niveles de lubricación, la temperatura del motor, el frenado y todo lo necesario para su óptimo funcionamiento, por lo que se requiere experiencia y dedicarle cuidados especiales”, subraya Valerio.

Coleccionar autos clásicos, abunda, “involucra de alguna manera a toda la familia porque es algo que se va transmitiendo, contagiándonos todos y sintiendo orgullo del trabajo realizado”.

Lo que principalmente motiva a Valerio es “apoyar a los jóvenes que van formando nuevos grupos de coleccionistas para que observen una correcta disciplina en la restauración de sus autos y en su organización como entidad, alentándolos a que llenen las formalidades de ley para la incorporación oficial como Club”.

La satisfacción de poseer y conducir una obra de arte que, a pesar del tiempo, luce y se mantiene en su estado original, es lo que mantiene a Valerio inmerso en esta su pasión, “si quieres un Ferrari lo puedes comprar teniendo el dinero, pero si deseas un clásico no basta tener el dinero, también requieres que la persona lo quiera vender”. Su colección asciende a ocho; de estos, tres son convertibles europeos: Triumph Spitfire 1974; MG Midget 1974 y Mercedes 380SL 1985; una Camioneta Chevrolet 1949; un Cadillac Serie 62, 1950; una Limousine Armstrong Siddeley, 1952 y un Hudson Super Six,1947.

Cada coleccionista tiene su predilección y es que hay para todos los gustos, desde los exóticos, clásicos, antiguos, pre y post guerra; vehículos militares, Hot Rod, Street Rod, Rat Rod, entre muchos más, puntualiza Valerio.

Quirilio Vilorio III, asegura que son varias las motivaciones por las cuales se despierta la pasión por coleccionar autos clásicos, “no hay una razón universal. Una motivación muy común es la ilusión o deseo que tuvimos en la niñez o juventud de un auto en especial. Generalmente, este es un hobby de hombres y es muy probable que cada hombre tenga un modelo de carro que lo cautivó en su niñez. El coleccionista es el que da el siguiente paso y lo compra”.

Puede surgir por una herencia, como su caso. “Desde pequeño vimos a nuestro padre desarrollar esta pasión, que ha seguido por toda su vida. Hemos copiado por absorción este hobby y se ha impregnado en nuestros sentimientos”, narra.

Otros – continúa-coleccionan para inversión. En la actualidad, los carros clásicos constituyen uno de los activos de inversión más rentables, excediendo incluso a las obras de artes. Los coleccionistas por inversión compran clásicos específicos, los restauran y los guardan por un tiempo para luego venderlos a mejor precio, “que no es nuestro caso”.

Vilorio califica los clásicos como una máquina del tiempo, pues “nos transportan a la época y nos muestran el esfuerzo que un fabricante puso a la disposición de sus compradores compitiendo con otras marcas, con los avances tecnológicos de ese tiempo.
Los clásicos nos presentan la magia de conservación a través de los años y muchas veces la genialidad y el esmero de un restaurador. A simple vista se ve sencillo, pero en realidad se trata de un proyecto complejo”, apunta.

Nos habla específicamente del club de clásicos Mercedes-Benz de la República Dominicana, surgido en 2014, idea de su padre, cuya principal meta es desarrollar esta pasión que, a su vez, encierra varios aspectos, como el brindar conocimiento a los miembros, aglutinar más coleccionistas y cooperar con otros clubes de autos antiguos para crear un régimen arancelario e impositivo especial para estos carros.

Vilorio hace énfasis en la formación de técnicos en las distintas áreas para dar soporte a los clásicos y en la integración con los otros clubes de Mercedes-Benz clásicos de América y Europa.
Entre los proyectos, contempla un viaje a Stuttgart, Alemania, a la Casa Matriz, con todos los miembros, para conocer el origen y el desarrollo de la marca que representan y conseguir el reconocimiento del Club ante la marca.

Al pedirle que defina su pasión, asegura se trata de algo muy subjetivo, porque cada uno la desarrolla de una forma particular, “sin embargo, todas esas formas convergen en un punto, en el interés por las máquinas clásicas. Un auto para cualquier coleccionista es comparable a un hijo, son piezas de colección que desde que llegan a la vida de los coleccionistas se convierten en un proyecto, lleno de obstáculos y sinsabores, que al final da a luz un conjunto de alegrías y satisfacciones que solo la conoce quien experimenta este embarazo”, puntualiza Vilorio.

Para Santiago Cuadra, esta pasión es producto de haber sido siempre un coleccionista de modelos a escala (Match box, Hot Wheel), jugaba con ellos y los disfrutaba mucho. Siendo adolescente se inclinó con entusiasmo por el Ford Mustang, el cual constituyó su primer vehículo. Una vez en el mundo Mustang, conoció su modelo icono de 1965 y éste lo atrajo al mundo de los clásicos.

Define su relación con el vehículo como algo personal. “Sentir la prestación del vehículo que tienes, comunicarte con él cuándo lo ruedas, es una relación personal que solo la disfruta el que valora y le gusta un vehículo clásico. El remontarte a la época en que se fabricó y valorar el trabajo, tanto del diseñador como del fabricante, quiénes lograron sacar al mercado ese producto, con sus ventajas y deficiencias. Comparar la tecnología de aquella época con la actual y darte cuenta del salto inmenso que la industria automovilística ha logrado… los vehículos de hoy en día no proyectan el glamur del pasado, son computadoras con ruedas cada vez más”, rememora.

Rafael Quiñones Vigo, natural de Guaynabo, Puerto Rico, es aficionado de los autos antiguos desde 1977.

“En Puerto Rico hay un gran entusiasmo por la conservación y la preservación de los autos antiguos y clásicos. Se considera un auto antiguo aquel que tiene 40 años o más de fabricación. Los que tienen 25 años o más, pero menos de 40, se consideran autos clásicos. Se estima que existen alrededor de 10,000 autos antiguos y clásicos en Puerto Rico”, explica este otro coleccionista, quien recientemente estuvo en el país invitado por los coleccionistas dominicanos para participar en una exhibición de autos clásicos que se desarrolló en el club de polo de Casa de Campo, La Romana.

La pasión de Quinones lo ha llevado a pertenecer a diversas agrupaciones, como lo es el Club Dueños De Autos Antiguos De Puerto Rico, fundado en 1968 por un pequeño grupo de entusiastas de los autos antiguos, interesados en promover su conservación e historia para beneficio de la ciudadanía. Este es un Club Multimarca, en el cual se aceptan autos de todas las marcas de 40 años o más en condiciones originales.

Adquirió su primer auto antiguo, el Ford Modelo “A” Roadster en 1977 , todavía lo conserva y disfruta recorriendo carreteras y autopistas. Pertenece al San Juan Model “A” Club, exclusivo de autos Ford de los años 1928 al 1931, conocido como Ford “A”. Se considera afortunado al poseer un auto Limosina marca Franklin del 1927, único en Puerto Rico, y del cual existen muy pocos a nivel mundial. “Este auto fue adquirido originalmente en el 1927 por el hermano de nuestra abuela paterna, luego por mi padre, y yo lo tengo desde el año 2000”, cuenta.