La “culebrilla”, síntomas y tratamiento

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Las personas que padecen el herpes pueden presentar fiebre, dolor y malestar estomacal.
La “culebrilla”, cuyo nombre científico es “herpes zoster”, se presenta con una erupción dolorosa producida por el mismo virus que causa la varicela

Esta afección cutánea, que afecta regularmente la mitad del cuerpo o de la cara es conocida popularmente como “culebrilla”, y aunque la padece una de cada tres personas, son los adultos mayores los que presentan un mayor riesgo: la mitad de los casos ocurren en hombres y mujeres mayores de 60 años de edad, entre los que, incluso, las complicaciones del virus son mucho más frecuentes.

Lidia González Socías, cirujana- dermatóloga, explica que el herpes zóster es el resultado de la reactivación del virus de la varicela zóster, y que comienza con un dolor punzante y prurito, seguido de la aparición de vesículas en dirección unilateral, que suelen desaparecer entre las dos y cuatro semanas posteriores.

Explicó que en la mayoría de los casos la erupción toma la forma de una franja horizontal que aparece a uno de los lados y en casos raros puede presentar una apariencia similar a la de la varicela. “El herpes zóster puede afectar los ojos y causar la pérdida de la visión. Otros síntomas que se pueden presentar son: fiebre, dolor de cabeza, escalofríos y malestar estomacal.

La especialista comenta que quienes tienen un mayor riesgo de desarrollar “culebrilla” son las personas cuyo sistema inmunológico se encuentra comprometido, como es el caso de quienes padecen ciertos tipos de cáncer como la leucemia y el linfoma, están infectados con el VIH o se encuentran recibiendo fármacos inmunosupresores como los esteroides o fármacos utilizados en las personas que han recibido un trasplante de órganos.

“El virus que causa el herpes zóster, el de varicella zóster, se transmite de persona a persona a través del contacto con el fluido que contienen las ampollas. Las personas infectadas sólo pueden transmitirlo durante la fase activa de la enfermedad (durante la erupción). Este riesgo puede disminuirse en gran medida si las zonas afectadas con la erupción son cubiertas.

La complicación más frecuente del herpes zóster es la llamada neuralgia postherpética, que se caracteriza por un dolor intenso en las zonas afectadas por el sarpullido, que incluso puede persistir aun después de la desaparición de la erupción. Severa y debilitante, esta dolorosa complicación suele resolverse en cuestión de semanas en la mayoría de los pacientes, aunque en algunos casos puede persistir por años.

Tratamiento

El tratamiento debe ser iniciado antes de que se cumplan las 72 horas de haber aparecido las lesiones, el cual se basa en antivirales, medicamentos coabyugantes como analgésicos y cremas para disminuir el prurito.

El paciente debe acudir a su dermatólogo para evitar complicaciones como la neuralgia.

La vacunación es la única manera de reducir el riesgo de contraer el herpes. El uso de la vacuna está recomendado en las personas mayores de 60 años, incluso en aquellas que han sufrido ya un episodio de herpes zóster.

Creencia popular

Existe la costumbre de recurrir a métodos populares no aprobados por la medicina para sanar la “culebrilla”, como son “ensalmar” al paciente o utilizar hierbas naturales. Estas soluciones, para muchos, sólo quedan en el plano de las creencias populares.

Sin embargo, la señora Suheil Roque Medina cuenta que tiene el “don” de curar la “culebrilla”. Para ello, dice, toma un lapicero y escribe alrededor de las vesículas la llamada oración de la culebrilla tres veces. Luego le da una pela con hinojo, mojado con vinagre y aceite. Dice que son necesarios tres ensalmos corridos durante tres días, y poco a poco la afección desaparecerá.
Entiende que si la culebrilla le da la vuelta al paciente, o sea, si la erupción se une, la persona corre el riesgo de morir. “Es bueno la toma de las tres sales: sal de cocina, “sal de epson” y sal de globo, lo que ayudará a limpiar la sangre y a evitar que se repita”, aconseja Roque Medina.

Saber
Luego que una persona se recupera tras haber sufrido el virus, éste permanece en su organismo en estado de inactividad, pero por razones aún no estudiadas, el virus puede reactivarse años más tarde, causando la culebrilla.