Pantoja y la expansión

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    La expansión de Santo Domingo, sin ningún plan, al empuje de la gente que se asienta donde las circunstancias lo permitan, o bajo el influjo de desarrolladores escasamente regulados, plantea muchos problemas de suministro de servicios, y hasta de seguridad.

    Hasta ahora las cosas caminan y se sobrevive de cualquier manera. A largo plazo se verán situaciones muy difíciles de manejar, toda vez que el crecimiento no planeado genera déficit de atención, sea del gobierno nacional o de las municipalidades.

    El distrito municipal de Pantoja, del municipio de Los Alcarrizos, pacífico, no aparecía en los periódicos hasta ayer, cuando los munícipes salieron a reclamar atención para sus necesidades.

    Los barrios acusan deterioro de las calles. Algunas nunca han visto el asfalto, aceras ni contenes. Y las más importantes están llenas de hoyos que se acrecientan con las lluvias.

    Hay deficiencia en el servicio de agua y la recogida de la basura es un desastre.

    Los reclamos están dirigidos hacia la junta municipal y su encargado Mario González, pero la realidad es, al margen de la forma en que administra los recursos, que estos siempre serán magros para un área que crece.

    Ni siquiera los grandes municipios pueden financiar la pavimentación. Imagínese una villa como Pantoja. Es obvio que el gobierno nacional tendrá que prestar atención.

    El servicio de agua compete a la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), la cual no realiza obras en el sector. Las infraestructuras de suministro han sido creadas por los desarrolladores privados, para sus proyectos, y aunque los dejan en manos de esa corporación, no están en posibilidad de cubrir toda la demanda extendida.

    La administración local, a consecuencia de la expansión del Gran Santo Domingo, plantea problemas que todavía no se advierten, pero se proyectan como amenazas para la habitabilidad.

    El paro de ayer en Pantoja no fue decidido por la junta de vecinos, que acordó un compás de espera con el encargado del distrito. Lo protagonizaron los choferes cansados de los hoyos, los comerciantes amedrentados y el tigueraje. Seguía anoche con desórdenes, heridos y presos.

    Esperamos que al menos sirva como punto de reflexión sobre las amenazas de un crecimiento urbano sin control.