“Repensar el encargo social de la educación es una urgencia”

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Su pasión por el magisterio la llevó a presidir la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), donde luchó por mejorar el impacto social de la educación

Desde muy pequeña supo que su futuro estaría ligado a la educación, y tras 36 años de experiencia en las aulas, sigue convencida de que ser maestra es lo mejor que le ha pasado.
María Teresa Cabrera nos cuenta cómo tuvo que luchar contra la sobreprotección de su padre, que por mucho tiempo frenó sus aspiraciones de estudiar, y cómo tuvo que romper las barreras que tenía como mujer en esa época representan su mayor logro hasta ahora.

Con 18 hermanos, y orgullosamente campesina, Cabrera señala que su pasión por educar se acrecentó al obtener su primer trabajo, en la comunidad de Sabaneta, donde a la vez reconoció su espíritu de lucha por las causas sociales, especialmente aquellas enfocadas en mejorar la vida del docente.

Aunque contenta con su trayectoria, especialmente por su labor frente a la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), considera que el país está ante un panorama desafiante a nivel magisterial, por lo que sugiere repensar el encargo social de la educación.

1. “Soy campesina neta”
Nací en La Vega, en la comunidad de Sabana Rey, que hace frontera con San Francisco de Macorís. Mis padres son Ventura Cabrera y Genara Ulloa, que tuvieron 18 hijos, de los cuales soy la sexta. Puedo decir que soy campesina neta, porque mi mamá no fue a hospital a parir, sino que una comadrona hizo las labores de parto.

2. Limitaciones en la infancia
Nos criamos en medio de muchas limitaciones, aunque la tierra en la que vivíamos era fértil, y gran parte de la gente se dedicaba a la producción agropecuaria. Pero aun así, teníamos una de las limitaciones más grandes: falta de educación de calidad. Para ese entonces la única escuela que había ahí solo llegaba a sexto curso.

3. Batalló para estudiar
Yo quería estudiar, ese era mi principal objetivo. Pero me enfrentaba a la sobreprotección de mi papá, embriagado de esa cultura patriarcal. Luego de terminar el sexto curso, tuve que ser persistente para que él me dejara estudiar. Incluso, afirmaba que si no estudiaba no me iba a casar, y tras mucha insistencia, logré inscribirme en la Escuela Radiofónica Santa María, donde hice el séptimo y el octavo grado. Mi papá entendió poco a poco mis aspiraciones. Pero, sin duda, gané la batalla cuando terminé la primaria, pero con el reto de continuar a la secundaria. Tras mucha lucha, entré al Colegio San Luis, en Cenoví.

4. Educación para el magisterio
El momento más duro fue cuando decidí ir a la universidad para completar mi formación. Naturalmente, mi papá se opuso, temía perderme, porque él decía que yo le había traído suerte. Sin embargo, decidí irme a Santiago. Al principio, resolví tomar sin permiso de mi papá el examen de admisión que daban en las escuelas normales para hacer la lista que iban a aceptar para estudiar magisterio, y después que me llamaron fue que se lo comenté a él. Tras decirle la oportunidad que yo tenía al haber sido seleccionada para estudiar a nivel superior, él aceptó a regañadientes. Entonces me fui a estudiar en la Escuela Normal Emilio Prud’Homme, en la que terminé en el 1981, con 19 años, fecha en la que inicio mi jornada como maestra.

5. “Estoy frente a una educadora…”
Cuando me gradué de la escuela normal, pedí una cita con el director regional de entonces, llamado Arnaldo Peña, para entregarle mi currículo y así trabajar. Recuerdo que cuando fui a la entrevista, me senté justo frente a la oficina del director, y llevaba puesta una falda plisada marrón y una blusa azul. “No me tiene que explicar nada, estoy frente a una educadora”, fueron las palabras de Peña al verme allí sentada. Eso me impresionó mucho. Fue una de las experiencias que más me ha motivado y marcado.

6. Su mayor satisfacción
Sin dudas, estudiar fue mi mayor sueño y mi mayor satisfacción. Aunque debo decir que he tenido muchas alegrías, pues en cada desafío que logro superar vivo una satisfacción. Cuando logré estudiar y hacer que mi papá aceptara que, por ser hembra, no me iba a pasar nada, me hizo feliz. He logrado ser parte de los logros de distintos colectivos en los que he participado, en mi vida laboral, cada vez que he podido ayudar a un estudiante, a cualquier persona que me necesite. Nada me causa tanta felicidad.

7. Primer trabajo
Comencé a trabajar en Sabaneta, donde encontré una escuela armónica y una directora eficiente; una verdadera educadora. Pero sobre todo encontré allí gente que asumió el magisterio con mucha vocación, y fue muy interesante, porque me acogieron y al mes ya era presidenta del Comité de Base de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP). Mi primer acercamiento a la ADP fue a temprana edad. Ya siendo estudiante participé en el proceso de una lucha que libró esta institución en los 80. Luego fui electa como parte de una plancha a nivel municipal, después fui la primera mujer presidenta de la seccional en La Vega, en dos períodos consecutivos. Después entré al Comité Ejecutivo Nacional, y compartía la condición de miembro del ejecutivo con la de presidenta del Sindicato Seccional de mi provincia. Fuimos creciendo y ganando terreno en el magisterio, y en la opinión pública. En diciembre del 2006 obtuvimos la presidencia de la ADP, y allí duramos el período que establece la normativa, sin aspirar a más. Actualmente, el sector tiene serios desafíos, entre los cuales se podrían citar la formación tan desenfocada de la realidad que se imparte en muchas escuelas, las debilidades a nivel de calidad, la falta de una enseñanza más integral y que empodere a los alumnos y alumnas. Por eso, repensar el encargo social de la educación es una urgencia, eso mejorará en gran medida la situación.

8. Experiencia que la marcó
Cuando comencé a trabajar en las aulas, recuerdo que tenía un curso con 59 estudiantes de seis años, en primero de básica. Allí los primeros tres meses me había sentido satisfecha con el aprendizaje de los niños, pero había algo que me inquietaba, y era que había una niña que estaba muy atrasada en comparación con los demás. En una ocasión, vi que esa pequeña estaba llorando, y me le acerqué. Me dijo que tenía un dolor en su estómago, pero pensé que se trataba de una manipulación para irse, y le dije que a lo mejor necesitaba un beso y un abrazo de la maestra, y así lo hice. Sin embargo, tras alejarme por unos minutos, noté que la niña seguía llorando. Me acerqué otra vez, y le pregunté que si todavía tenía el dolor. Ella, con sus lágrimas y casi temblando, me dijo que sí. Le pregunté si había comido antes de salir de su casa, pero su respuesta me devastó y me hizo llorar por un buen rato. “En mi casa no cocinan todos los días”, me dijo sin dejar de llorar. La llevé a la dirección y hablé con la directora para salir unos minutos de la escuela e ir a la casa de esa niña para ver las condiciones en las que vivía, y aunque la directora al principio no quería, luego aceptó y fui. Allí encontré la escena más desoladora, una situación de pobreza extrema: una mujer soltera con 7 hijos, que se dedicaba a recoger cosas en la calle, y que conseguía solo de vez en cuando.

9. Primer vínculo con la lucha social
Mi pasión por la lucha social comenzó cuando conecté con la pastoral juvenil, donde se fomentaba el pensamiento crítico. El grupo en el cual me inicié fue el Club Juvenil Nuevo Renacer, y desde ese espacio comenzamos a luchar para que en Sabana Rey se crearan las condiciones que hicieran vivible la comunidad. Luchamos para que se hiciera una escuela que llegara hasta octavo grado y se construyera la carretera, luego fuimos ampliando las demandas. Todas esas peticiones tuvieron respuesta, y eso me motivó a seguir luchando por causas similares, especialmente en el ámbito educativo.

10. Marcha Verde
La Marcha Verde ha sido un proceso gratificante para mí. No hay dudas de que el colectivo marcó un despertar de un pueblo que parecía resignado e indiferente, incluso en un estado de sumisión y pasividad. La Marcha Verde irrumpió en esa situación de inmovilidad político y social de la ciudadanía, y ha creado un nuevo contexto, ha despertado un nuevo nivel de conciencia. Incluso en mí, ya que es el colectivo ideal para quien procura las reivindicaciones de los más necesitados, y de los que a veces no se les escucha. El desafío para este año es continuar multiplicando esa conciencia política y social, pero también mejorar el contacto entre los sectores y la ciudadanía; además, poniendo en escena manifestaciones grandes que muestren el músculo de la Marcha Verde y la determinación de la ciudadanía, o al menos de un segmento importante para desenmascarar el régimen de corrupción actual que se ha convertido en una estrategia de control.

Espera RD mejore algunos aspectos

“En cinco años quiero ver a República Dominicana con evidencia de superación. En un proceso de liberación del régimen de impunidad y de corrupción que la ha mantenido en una situación de opresión por muchos años. Quisiera ver que mi país se afiance en la construcción de un proceso democrático, con evidencia y señales claras de instituciones creíbles y donde puedan operar los poderes del Estado con verdadera independencia. Que podamos tener una justicia que actúe conforme al ordenamiento jurídico y que actúe con la misma agilidad cuando está ante un pobre que cuando está ante un millonario. Una justicia de verdad, porque cuando opera de la forma en la que ha estado operando en la actualidad, lo que hace es que opera en un sistema de injusticia. Espero que nuestro país supere eso. Pero también espero que haya un Congreso que cumpla verdaderamente con las atribuciones que la Constitución le confiere. Además, quiero que avancemos hacia una escuela auténticamente democrática. Que forme seres humanos integrales, que se enfoque más en la calidad, considerando la dimensión humana que tiene la tarea educativa. Pero, sobre todo, espero un país sin feminicidios, donde hayamos ganado la suficiente conciencia para aceptar que al final todos somos seres humanos, que debemos tener iguales oportunidades. Esa debe ser la prioridad, porque es muy difícil ser mujer hoy. Vivimos en una sociedad patriarcal, que se expresa en un machismo construido culturalmente y arraigado; y, obviamente, crea una situación muy desigual de discriminación naturalizada por la cotidianidad, que está acabando no solo con nosotras, sino con todos silenciosamente”.

Desigualdad
Cabrera dice que la discriminación hacia las mujeres, como la que se ha denunciado en el ámbito salarial, obstaculiza su participación en la vida pública, y en lo político.

Pobreza
La maestra asegura que la pobreza es uno de los retos que más afectan el desarrollo de las mujeres, que al ser privadas de oportunidades, como la de recibir educación, no avanzan.

Pensamiento crítico
Los maestros deben estar enfocados en enseñar el pensamiento crítico, que lleva directamente a la vida en democracia y libertad”.

Mejorar educación
La educación que se está ofreciendo hoy debe ser más cuidadosa, porque parece que se está formando para la esclavitud moderna”.

ADP
En nuestra gestión frente a la ADP, nos esforzamos por introducir renovaciones en las formas de lucha magisterial, lo que tuvo buenos resultados”.

Igualdad
La lucha por la igualdad, para superar los actuales obstáculos, que están legitimados culturalmente, debe ser asumida por todos”.