“Educar es lo que más me complace”

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El reconocido maestro, con 55 años de ejercicio docente, ya está jubilado.
Rafael González Tirado, maestro y abogado, asegura que la labor de enseñar, la que considera un privilegio, siempre le ha llenado de satisfacción y alegría

Enseñar siempre fue su pasión, y tras 55 años de ejercicio docente, Rafael González Tirado agradece el privilegio de haber sido maestro por tanto tiempo.

Este reconocido docente y abogado cuenta su historia y nos comparte su análisis sobre el panorama actual de la educación, el periodismo y la justicia.

González Tirado fue el primero de nuestro continente en redactar un libro sobre corrección de leyes y documentos afines, y permaneció por 32 años como asesor legal y corrector de estilo de la Cámara de Diputados de la República. Aunque reconoce que a su avanzada edad ya no puede aportar tanto como quisiera a la sociedad, señala que su mayor satisfacción es saberse querido por sus antiguos alumnos, que resaltan el legado que dejó en ellos.

1. De la ciudad
Nací en Santo Domingo un 6 de enero de 1931. Exactamente en lo que fue la casa número 59 de la calle Jacinto de la Concha, en Villa Francisca, donde viví gran parte de mi vida junto a mis padres Fernando González, cariñosamente Nando, quien desde su juventud se dedicó a la mecánica automotriz, y Degelia Tirado Montás, ama de casa. Tuvieron cinco hijos, de los cuales yo fui el segundo. Primero fue Fernando Arturo, dedicado a las faenas del deporte, y quien incluso toda su vida trabajó la crónica deportiva, aunque murió hace dos años. Luego, una hembra, que fue abogada como yo, y estuvo activa hasta hace poco, pero por motivos de la edad se retiró del ejercicio. El más pequeño se llama César Augusto, y luego le sigue Miguel Ángel González Tirado.

2. Educación
Yo comencé mis estudios en la Escuela Oficial, en el sector Santa Bárbara, donde llegué hasta el sexto grado; cuando cumplí esa parte, entré a la educación intermedia, que era séptimo y octavo, que la continué en Ciudad Nueva. Luego pasé a la secundaria a la Escuela Normal de Varones de la avenida Duarte, que la acababan de inaugurar. En el 1950 terminé la secundaria y comencé la carrera de Derecho. Cuando terminé el bachillerato, un profesor me llamó para dar cátedra de Lengua Española, donde trabajé 4 años, hasta graduarme de abogado en 1955. Al terminar, pasé a la judicatura, debido a que no quería cuidar más de los estudiantes irreverentes. Pero, sin dudas me encantaba dar clases, y tuve la suerte de entrar muy joven, entonces mis maestros eran mis compañeros de trabajo.

3. Labor docente
Tuve 55 años dando clases. Duré hasta la jubilación en la UASD, donde comencé con Español Superior, que era una materia que fue incluida en el currículo de la Escuela de Sociología. Seguí después con unas clases que tenía en la Pontifica Universidad Católica Madre y Maestra (PCMM). Cuando yo salí de la escuela normal, donde tuve la primera experiencia docente, el nombramiento en la justicia fue en Samaná. Ahí duré dos años, pero por razones de quebranto de un hijo pedí mi traslado para Hato Mayor. En definitiva, duré cuatro años en la judicatura. Dos años en Samaná y dos en Hato Mayor.

4. El significado de enseñar
Educar es lo que más me complace. La oportunidad de poder transmitir conocimientos de la manera más apropiada y pertinente posible, de acuerdo con los principios pedagógicos y alientos culturales, es un privilegio. Esa alegría me ha durado hasta ahora. En una ocasión, alguien me preguntó que cómo era posible que siguiera realizando conferencias y enseñando, estando ya mayor, a lo que respondí que mientras tuviera fuerzas para enseñar me mantendría en total disposición para transmitir mis conocimientos. Siempre me sentiré agradecido de haber dedicado mi vida a esta labor.

5. Mayor satisfacción
En un momento, cuando me retiraba por cuestiones de salud de una de las universidades en las que trabajaba, me fueron a buscar antiguos alumnos para que me encargara de reestructurar las leyes, los proyectos de ley, y cualquier otro documento relacionado que hubiera en el Congreso Nacional. Al compenetrarme con tanto material legislativo, me sentí muy estimulado, porque mientras yo estudiaba la carrera de Derecho, los problemas de la legislación, como la interpretación de las leyes, me habían llamado la atención. Ahí duré 32 años, que me sirvieron para acumular experiencia. En esa etapa, recibí la oportunidad de participar en un curso con legisladores, en Bolivia, para lo cual la Pontificia Universidad Madre y Maestra me escogió. Con ello se buscaba motivar el estilo, el léxico propio del lenguaje jurídico. Con el plan que ellos me dieron y la experiencia que había tenido en la Cámara de Diputados escribí un libro sobre técnicas para la redacción de leyes. En esa oportunidad, estando en una de las clases, que fueron impartidas por un grupo de intelectuales ligados a las letras y las normas para la aplicación en la vida de los ciudadanos, uno de los organizadores y profesores de relevancia dijo que sobre la redacción de leyes no había nada escrito en español, y que solo había encontrado cinco líneas de un profesor alemán que hablaba al respecto. El encuentro fue precisamente para dar apertura a ese tipo de formación. Yo había escrito mi libro varios años atrás, y me sentía raro; pero también pensaba que ellos estaban muy poco informados, que desconocían que en República Dominicana se había escrito un material relacionado con el tema. De repente, me paré y mostré mi material ante los abogados, lingüistas y legisladores. Se lo entregué al catedrático que dirigía el encuentro y este lo puso bajo la silla. Cuando salimos del desayuno, todos se acercaron a mí para preguntarme que quién había sido el autor del libro, a lo que respondí que lo tenían en frente. Ellos se quedaron sorprendidos. Les permití hacer copias, y a partir de ahí comenzaron a hacerse intercambios y algunas producciones sobre este tema de la legislación. Debido a eso, un abogado panameño escribió un libro recientemente, en donde hizo una dedicatoria especial para mí, considerándome la primera persona que había escrito un libro sobre cómo se redactan las leyes. Ese fue uno de los momentos más satisfactorios de mi vida.

6. La sociedad actual
Creo que nosotros estamos enfrentando situaciones de tipo social, político y económico muy delicadas. Tenemos que luchar por renacer. El dominicano ha sido ponderado por sus buenas cualidades, pero ahora estamos muy afectados por diversas situaciones. Esta es la etapa propicia para la regeneración y el resurgimiento, porque hay señales que nos están acuciando, y hemos de despertar y levantarnos contra esas situaciones que nos podrían acogotar. Creo que hay mucha calidad en el dominicano, pero estamos ante cuestiones que hemos de superar para llevar el país a donde siempre lo quisieron llevar nuestros tutores mentales del pasado, comenzado por los Padres de la Patria, y otros prohombres que soñaron lo mejor para nuestro país. Tenemos que ahondar en la formación de ciudadanos sensibles, que sean grandes partícipes de la sobrevivencia de aquellos méritos que siempre hemos ponderado entre los dominicanos, tales como la cordialidad, la obediencia, el respeto al sistema de democracia y la dignidad. Hemos de sacudir eso para sentirnos mejor e irnos más tranquilos cuando el destino nos procure, y dejar mejor porvenir a nuestros compatriotas.

7. Retos en educación y justicia
En materia educativa, entiendo que tenemos mucho que hacer. Hemos decaído bastante, porque es necesario la formación de un ciudadano que proyecte luces hacia el porvenir de la nación, debemos profundizar en la formación, debemos reforzar nuestros esfuerzos para que encontremos el camino que ahora nos están cerrando multitud de intereses que pretenden ahogar las virtudes de un pueblo que siempre supo dar lo mejor de sí y vivir en convivencia con paz y bienestar. En cuanto a la justicia, creo que esto anda por el mismo camino. Hace algunos años se intentó regenerar los valores, el mérito y la entrega que debía tener el Poder Judicial, el sistema de justicia, pero han sido intentos fallidos. Nos encontramos a cada paso con indignidades, ambiciones y descuidos, que suceden tanto en la justicia como en la política, y en consecuencia ambas se lían para ese maltrato de los valores auténticos de la dominicanidad.

8. El nuevo periodismo
El periodismo que hace falta en nuestro país debe estar enfocado en ser una labor más inclusiva, donde se pondere el manejo de cada manifestación en los sistemas tradicionales y modernos de informar, opinar y orientar a los lectores y oyentes, o los que participan de esta producción tan valiosa, donde tiene necesariamente que reconocerse la utilidad para la orientación de los valores de la dignidad humana. Ese periodismo debe ser de introspección para los que manejan el sistema, para el que se quiera favorecer a través de estas realizaciones permanentes, y dar un paso que los eleve cada vez más en la pertinencia de la vida social. Debe ser una profesión que tenga más seguridad de penetración, en todos los ciudadanos interesados y capaces de lograr una mejor nación.

9. El estudio de las letras
Desde muy niño siempre supe que mi vida estaría ligada a las letras. Incluso en la juventud fui declamador, y junto a varios compañeros nos movíamos por todo el país dando recitales. Después de ese movimiento y de algunas cosas, el afán fue decayendo y la gente ya dejó de apreciar las letras como antes. Le duele mucho a uno cuando, teniendo tanta belleza, la gente no valore las letras en su justa medida. Me sentía ofendido cuando decían que era un ‘baboso’ por estar diciendo versos o fragmentos de obras. Sin embargo, nada era más importante para mí que seguir adquiriendo conocimiento sobre la literatura. Eso me llevó lejos, y me permite dejar un legado que sé que perdurará por mucho tiempo.

10. El mejor regalo
Sin dudas el mayor regalo que he recibido ha sido el aprecio de mis estudiantes y de la gente en general, porque cuando voy a la puesta en circulación de un libro o alguna conferencia, hay gente que me saluda, sin haberme conocido, me habla con mucho entusiasmo, y consideran que soy una persona con algún valor y mérito. Que haya gente que todavía me recuerde, eso me hace muy feliz. Mis estudiantes se me acercan, me hablan de lo mucho que influí en sus vidas, y lo agradecidos que se sienten de los conocimientos que les ofrecí. Incluso, vienen a mi casa y duran horas conversando conmigo, contándome lo mucho que disfrutaban mis lecciones. Definitivamente, todo esto me llena de gran felicidad y motivación.

Aún tiene la voluntad de seguir

“Sigo pensando que puedo dejar más, pero por la edad que tengo sé que muchas cosas no las podré llegar a hacer, pero lo que he laborado desde el aula, y desde las letras con la enseñanza del idioma, me llena de satisfacción. Me motiva mucho el hecho de que todavía ahora todo lo que hice tenga impacto. Por ejemplo, de eso que sucedió en Bolivia, uno de los abogados que estaban allí, redactó un libro similar tomándome como referencia, y me considera como un maestro de maestros. Para mí, esa es una de las distinciones más valiosas. Eso se puede lograr, siempre es posible. Pero eso sí, quiero recomendar, especialmente a la juventud, que hay que trazar una línea adecuada y pertinente para la superación, que eso se gana con el esfuerzo del estudio y la perseverancia en alcanzar su ideal. Porque nuestro país lo necesita, para así contribuir a una República Dominicana bien formada, donde el egoísmo y la ambición y los anhelos de enriquecimiento ilícitos, y las debilidades del sistema judicial no prevalezcan, sino que todo sea un comportamiento de unificación de claridad en el manejo de la cosa pública. Todos deberíamos enfocarnos en trabajar en cuestiones que sean significativas, y requieran el valor que tiene cada persona y cada ciudadano. Tratemos de moderar las cosas de la mejor manera posible y de no tener enfrentamientos innecesarios”.

Libro favorito
Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, sin dudas es mi libro favorito. Cada vez que lo releo es impactante, y deja en mí algo nuevo”.

La poesía
Mi aprecio mayor dentro del sistema de la lengua es el de la creación poética, creo que eso es una suprema realización que me estremece”.

Entrega
La principal lección aprendida durante todos estos años de experiencia docente, es que sin entrega no se puede lograr nada”.

Inspiración
Cada libro nos deja diferente. Hacen que veamos la vida de otra forma, pero que también nos llenemos de inspiración para crear”.